Lo grotesco y lo trágico

El 29 de Abril de 1945 fue liberado el Campo de Concentración situado en Dachau, una pequeña ciudad muy cercana a Múnich.

Faltaba un día para que Hitler se suicidara, y poco más de una semana para que se formalizara la rendición incondicional de lo que quedaba de las fuerzas alemanas en lucha.

Días antes, el 26 de Abril, desde el Campo de Concentración de Dachau salió una relativamente (en comparación con las del Este) pequeña columna de prisioneros en dirección a la frontera austriaca. Es la última de las conocidas como Marchas de la muerte.

Parece que el objetivo era disponer de una fuerza de trabajo para construir fortificaciones en la zona montañosa del Tirol, aunque no hay documentación que lo avale. Nunca llegó a su destino. El día dos de Mayo la columna de prisioneros fue alcanzada por tropas norteamericanas en Tegernsee, a poco más de 100 kilómetros al sur y muy cerca de la frontera austriaca.

Dachau Gruenwald  1389.4 Holocaust D  1389.4 Holocaust D

Las fotos de más arriba fueron hechas por civiles. En las dos últimas, la columna ha perdido su compostura; está lloviendo y han pasado varios días desde el inicio de la marcha. Es una situación completamente insólita para los alemanes que desde sus casas contemplaban aquel extraño desfile; también lo es para mí, muchos años después, al observar las fotos.

Ya a mediados de ese mes Abril el frente occidental había colapsado. El mariscal Model, comandante del Grupo de Ejércitos B, había enviado a sus casas a los más jóvenes y a los más viejos, y dado permiso a los demás para rendirse. Luego se suicidó.

En esas circunstancias aquello resultaba grotesco; grotesco y trágico a la vez.

 

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